viernes, 12 de junio de 2015

Miedos y birretes


Hace tres años cambié toda mi estabilidad por dos maletas, un carry on y varios sellos en mi pasaporte. No lo niego, siempre quise salir corriendo, sin importar donde estuviera. Nunca quise firmar contratos largos, ni comprar un carro, ni adquirir nada que me atase por mucho tiempo a un mismo sitio. Sin embargo, como dice el cliché, una tiene que tener cuidado con lo que desea.

Hace tres años que vivo entre dos maletas y un carry on. Siempre pensé que me gustaría la vida de bohemia. Sin embargo, en el momento en que me convertí en estudiante internacional no pensé que la incertidumbre sería parte de mi diario vivir.

Pasé a adoptar el ''nunca se sabe'' y a hacer las paces con el hecho de que nunca sabría en realidad donde iba a estar en los próximos cuatro meses. Los semestres eran una mezcla de no saber si terminaría mi licenciatura y averiguar donde carajo iba yo a pasar las próximas vacaciones. Los finales solo servían para ponerme en incertidumbre porque ''hay que salir de los dormitorios'' y cuando vives en un país sin familiares, mudarte cada cuatro meses puede ser algo... challenging.

Finalmente me pude graduar, sin embargo el fukú internacional continúa. Me preguntan ''y ahora qué?'', me gustaría responderles que no sé, que el fukú es muy grande. No se donde estaré a final de verano, no se si quiera si podré estar aquí a final del verano, no se donde estaré en dos años, tampoco creo que pueda hacer planes.

No se si tenga el valor de comenzar de cero. La vida bohemia me ha subido los estándares. No quiero una existencia mediocre con un trabajo de call center, cuando lamentablemente, aun con una titulación, esos mismos call center pagan más que cualquier trabajito de 8-6 lunes a sábado con algunos domingos incluidos.

No se si podré hacer un master, siempre dije que mi vida sería distinta si tan solo hubiese aprendido a dividir y multiplicar. Puedo escribir un ensayo de 35 páginas en tres días sobre analisís interseccional de películas lésbicas en cinco continentes, pero sigo contando con los dedos cuando tengo que hacer una operación artimética.

Nunca me aprendí la tabla de multiplicar, ni como rayos se suman o restan fracciones, pero puedo hacer investigación cualitativa en casi cualquier tema. Y sigo teniendo miedo. Ahora que mi vida se decide por examenes estandarizados, que sirven tanto como para medir la inteligencia como para medir la habilidad de un pez y un elefante de trepar a un arbol. Tengo miedo, de haberme esforzado en vano, de tener una vida mediocre, de descubrir que tal vez no estoy destinada a la grandeza. Tengo miedo de que me voy dando cuenta de que comenzé a vivir muy tarde y quizás no quiero tener hijos, y que tal vez cuando quiera tenerlos, sea ya muy tarde. Tengo miedo de muchas cosas.

Mi peor escenario no es tan malo. Mi madre, mis hermanas, mi vieja habitación y mi viejo perro. Sin embargo, había una canción que decía que no debes de volver al sitio donde has sido feliz. Imagino que por eso de no dañar los recuerdos. No me imagino, mirando mi vida desde fuera, como un pez dorado, ajena a todo, como pez fuera del agua, extraña, como un pez muy grande, sofocada. No se preocupen, ya terminé con las metáforas de peces.

Me limitaré a pensar que todo estará bien, despues de todo ''nunca se sabe'', una nunca sabe lo que puede pasar.

Peace out.


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